16 de septiembre - Parásitos
Querido Diario:
Uno de mis compromisos de año nuevo fue volver a escribir, aunque sea una página al día, para retomar de a poco mi amor y pasión por la escritura.
La primera idea fue escribir uno de mis 16 libros que se me han ocurrido en mi cabeza mientras me ducho, o camino, o ando en auto (en mi imaginación, son tan exitosos mis libros que incluso sueño con que me hacen documentales de ellos). Estas historias en mi cabeza tienen personajes, tramas internas, universos propios, es una suerte de Tolkien a la chilena, mucho más básico y de menos presupuesto. Pero no quise partir por ahí porque quiero que la idea madure, todavía hay mucho material que quiero leer para entender más de lo que quiero escribir y todavía la idea no la tengo suficientemente cuajada, aunque en mi cabeza me gane cientos de premios literarios, y Hollywood se pelee los derechos de mi obra.
Por otro lado, en una crisis de la mediana edad que estoy pasando, me he dado cuenta que es importante reflexionar sobre el día a día y poder darle valor al hoy, dentro de la cotidianidad. Como muestra un botón: escribo esto entre pausa y pausa que tengo mientras mi hija de cinco meses se queda dormida, y cuando la paz por fin viene, debo escribir con los gritos de mi otra hija que no quiere dormir hasta que sus Polly Pocket estén vestidas porque, si no, les van a dar frío y no van a dormir bien.
En esta idea de escribir una página al día de lo que piense o de lo que me pase se me ocurrió que fuera como el formato adolescente de un diario de vida. En primer término le iba a poner “El diario del gordo”, pero todo dominio Blogspot de “diario” y “gordo” en todas sus combinaciones estaba ocupado, fue ahí que se me ocurrió la idea de usar la terminología pascualina como las agendas de los adolescentes, por eso se llama “La pascualina del gordo”. Término que raramente estaba libre, ya que “pascualina” en Argentina es algo así como una quiche y, bueno, queda harto bien con “gordo”.
En esta introducción no he logrado ni siquiera contar mi primer día, que, sea dicho de paso, aunque esto fue un compromiso de año nuevo, lo vine concretando recién el 16 de septiembre. No soy muy bueno con esto de concretar los compromisos de año nuevo, si fuera así este blog se debería llamar “La pascualina del flaco” o “del ex gordo”.
Hoy vi un par de videos sobre debates de temáticas conservadoras versus posturas woke, que no los vi tanto por la temática, sino que por las modelos de debate y la forma de contrarrestar opiniones. En uno de los videos, una de las muchachas que debatía contra un conservador por el aborto, decía que los fetos no eran personas, sino que eran parásitos que estaban dentro de los cuerpos de las mujeres. Esta frase tiene mucho por donde reflexionar e hincarle el diente, pero, estimado diario, lamento decepcionarte, no voy a hablar hoy del aborto y de temas polémicos, me voy a quedar con otra cosa que me hizo clic en mi mente de cables sueltos: el ser humano como un parásito.
Hace un tiempo vi un video en TikTok de una película rusa de ciencia ficción, en el que el argumento principal era que los humanos somos un arma biológica de una raza extraterrestre para destruir lo suficiente la Tierra para que ninguna otra especie pudiera estar en ella, pero sin destruirla por completo. Al escuchar el argumento de la muchacha woke, se me vino a la mente esta película y el pensar que hoy nosotros somos unos parásitos con la Tierra.
Sin ser el hombre más ambientalista del mundo, siento que vivimos en la Tierra, sin sentirnos parte de ella, sin preocuparnos de lo que pasa, solo utilizándola. Como especie, estamos “depauperando” la Tierra, no la estamos matando, sino que destruyéndola a tal punto que podamos seguir ocupándola sin importar su estado. Hoy los ríos y mares están contaminados, enfermos, y los seguimos ocupando, ya que no nos importa que estén bien, sino lo suficientemente estables para que nos sirvan y podamos seguir viviendo de ellos. Es más, incluso el argumento ambientalista por excelencia es, de por sí, muy parasitario: “cuidemos la Tierra para que las próximas generaciones puedan vivir en ella”, no “cuidémosla porque somos parte de este mundo”, no “cuidémosla porque estamos arruinando de a poco el hábitat de miles de especies”, “cuidémoslo por nosotros”.
Siento que debemos cambiar desde el argumento pro ambiental, debemos cambiar nuestra forma de ser, teniendo en el centro al otro, a la tierra, a nuestra casa, por el sólo hecho de ser nuestro hogar.
Bueno, querido diario, así termino mi día, viendo que escribirte es más difícil de lo que pensé y que doy más vueltas de las que quiero dar. Espero que te escriba mañana.
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