17 de septiembre - el Zoológico

 Querido Diario:

Casi no te escribo, y la verdad es que las ganas de dejar el compromiso botado me tentaron más de una vez, pero aquí estamos, ya que no podía flaquear al segundo día de este desafío. Parte de mis pocas ganas de escribir fue que hoy fue un día intenso, hicimos un panorama familiar y visitamos el Buin Zoo. El lugar es gigante, muy bien cuidado, con buenas explicaciones y tiene muchos animales. Me hubiera gustado visitarlo con más detalle, pero con niños la cosa se complica.

Sí, querido trozo de papel digital, aquí estoy yo, el papá millennial quejándose de la crianza y de los hijos, pero el tema no es fácil. Soy de naturaleza floja y de muy poca paciencia, pero la Domi no me hace fácil la pega tampoco. Apenas pisamos la "Zootopía Metropolitana", empezó con que tenía hambre y que cuándo íbamos a almorzar. Efectivamente, llegamos tipo 13:00 horas, pero ya en el auto se había comido un pequeño tentempié; digamos que sabemos que la ansiedad es una característica familiar. Bueno, el punto es que el tema del hambre nos acompañó en la visita de los papagayos, las suricatas, el hipopótamo, las arañas, los pingüinos, el avestruz, la jirafa y los leones. Hasta que el hambre se transformó en grito, y los gritos en llanto, y el llanto provocó en mí ganas exasperantes de terminar el paseo de forma inmediata.

Aunque para las niñitas llevábamos pícnic, debíamos buscar para nosotros un lugar para comer. Encontramos un restaurante que era un estilo Burger Inn, pero con motivos africanos (querido Diario, si tu memoria digital es de los noventa, te acordarás de que los famosos "Food Garden" tenían varios restaurantes de comida rápida chilena, entre los que se caracterizaba el Burger Inn, que eran como los Burger King pero con hamburguesas con palta). La comida era buena, el problema es que nos demoramos como una hora y media en comer dada la gran cantidad de personas; al parecer era el único lugar abierto adentro.

Después de la pausa gastronómica, seguimos nuestro recorrido y terminamos en el mundo de Oceanía. Una de las actividades era meterse en una jaula especial donde había algunos animales propios del hábitat. Justo nos tocó una cuidadora alimentando a una especie de pericos australianos, por lo que había un poco de comida que se caía al suelo. De entre medio de las tablas de las pasarelas por las que caminábamos, se aparecían unos roedores pequeños y se comían la comida que dejaban los pericos australianos. Yo, en mi inocencia total y envuelto por la magia y el profesionalismo que emanaba del parque, pregunté si estos roedores también eran parte de la exhibición. A lo que la respuesta fue que no, que eran unos ratones de campo que aprovechaban la comida de los animales. En ese minuto, el hechizo desapareció y me volví a mi patria, y desconfié un poco de la sanidad del Burger Inn de ambientación africana.


Comentarios

Entradas populares de este blog

18 de septiembre - Bolsos, bolsitos, bolsones

21 de Septiembre - plazas cool